martes, 10 de marzo de 2015

EFECTOS DEL TERREMOTO Y MAREMOTO DE 1835 EN TALCAHUANO, PARTE III.

Por Rolando Herrera Poblete, Profesor de Estado en Historia y Geografía, (UFRO), investigador de la Historia Local y Patrimonio de Talcahuano.



DESCRIPCIÓN DEL CAPITÁN  ROBERT FITZ ROY.



El capitán Robert Fitz Roy también hace una extensa e interesante descripción en base a los testimonios que recogió de los testigos, sobre las características y efectos del terremoto y maremoto de 1835 que observó en situ en Talcahuano y Concepción, algunos de los cuales son inéditos y otros complementan y refuerzan con sus detalles, las realizadas por su subalterno Darwin. 



Capitán Robert  Fitz Roy (1805-1865) 
Comandante del buque expedicionario inglés Beagle, quien observó y describió los efectos del sismo de 1835 en Talcahuano. 

Según su versión, en Concepción a los 11,40 minutos se sintió un sacudimiento ligero de la tierra, que aumentó rápidamente. Los movimientos fueron luego tan fuertes, que provocaron espanto y toda la gente salió a refugiarse en los parajes descampados. El violento temblor duró cerca de dos minutos. Agregando una vivida descripción de los inicios del sismo: 


“…apenas era posible tenerse en pie; los edificios se estremecían y bamboleaban; de repente una estupenda convulsión cubrió la tierra de ruinas. En menos de seis segundos, la ciudad era un montón de escombros. El ruido espantoso de las casas que venían al suelo; el horrible crujir de la tierra, que se abría y cerraba alternativamente en varias partes, los lastimeros alaridos de angustia y desesperación; el calor sofocante; las nubes de polvo que oscurecían el aire y embarazaban la respiración; el desamparo, la confusión, el terror de los infelices habitantes, presentaban una escena difícil de describirse, y que la imaginación misma apenas alcanzará a concebir.” (1)

Según el capitán Fitz Roy durante el terremoto, nadie podía tenerse en pie sin apoyarse en algo; tomándose unos de otros, abrazándose a los árboles y postes o arrojándose a tierra, tan violento era el vaivén, que se veían obligados a tender los brazos para no rodar. 

Luego se detiene a comentar la reacción de los animales ante el fuerte temblor, señalando que durante la mañana los vecinos notaron grandes bandadas de aves marinas que pasaban sobre la ciudad, trasladándose de la costa a lo interior. Que los caballos y todos los animales dieron muestras de terror, se sostenían con las piernas abiertas y las cabezas inclinadas, temblando violentamente. Los pájaros volaban atemorizados en todas direcciones. Y que los perros se pusieron a salvo, saliendo de las casas antes de iniciarse el terremoto.

Según Fitz Roy, la opinión general de los testigos, sobre la dirección del movimiento era de sudoeste a nordeste, siendo además  ondulatorio,  vertical, horizontal y circular. Muchos de los temblores fueron precedidos de un rumor sordo subterráneo, como el de un trueno distante.

Las grietas que se abrieron en el suelo, no presentaban una dirección uniforme; la más común era de sudeste a noroeste, y eran de una pulgada hasta un pie de ancho.

Fitz Roy comenta las reacciones humanas que hubo después de cesado el terrible y violento sismo, y una vez que se disiparon las nubes de polvo que produjo el derrumbe  de los edificios. Agrega que la gente comenzó a respirar con más desahogo y a mirar  su alrededor,  y que pálidos, trémulos, cubiertos de polvo y sudor, corrían de un lugar a otro, llamando a gritos a sus hijos, parientes y conocidos. Según Fitz Roy algunos parecían enteramente privados de razón.

Sobre la prolongación de los sacudimientos, Fitz Roy  agrega que se repetían a cortos intervalos, renovando el miedo.  La tierra no estuvo quieta un momento durante aquel día y el siguiente,  aun hasta el tercero después de la gran convulsión. Después de la catástrofe, entre el 20 de febrero y el 4 de marzo, se contaron más de 300 temblores.

Las casas cayeron en todas partes y  los  adobes formaban montones confusos. La catedral de Concepción, cuyas paredes eran de cuatro pies de grueso, apoyadas en robustos estribos, y construida de excelentes ladrillos y mezcla, sufrió más que los otros edificios.

Ruinas de la catedral de Concepción , destruida por el terremoto de 1835, dibujada por el oficial  del Beagle John C. Wickham.


Finalmente el  capitán Robert Fitz Roy hace un comentario que da cuenta de la resiliencia de los penquistas ante el magno y destructivo  evento telúrico que sufrieron, señalando:

“La buena conducta y generosa hospitalidad de los vecinos de Concepción proporcionaron un grande alivio a esta calamidad. Todos se auxiliaban unos a otros; y apenas hubo ejemplo de hurto. Los vecinos acomodados empezaron inmediatamente a ocupar el pueblo en construir ranchos y habitaciones provisionales de madera, viviendo entretanto al aire a la sombra de los árboles. Los que primaron se proporcionaron dónde vivir, juntaban alrededor de sí a cuantos podían; y en pocos días llegó a tener el vecindario un abrigo temporal, en que procuraba sacar consuelo y diversión de sus mismas desgracias, riéndose de los extraordinarios arbitrios a que se veían reducidos para sobrellevarlas.” (2)

El capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, también describió lo sucedido en Talcahuano aportando con interesantes y nuevos detalles sobre este violento y desastroso evento sísmico 

Parte diciendo que en Talcahuano, la violencia del terremoto fue tan grande que solo tres casas, situadas sobre una base de roca, se escaparon de la ruina, a diferencia de las edificadas sobre el terreno blando y arenoso que se extiende entre la playa y los cerros. Pese a ello casi todos los habitantes se salvaron.

Describe con mayor detalle el maremoto, manifestado en tres enormes olas, que barrieron las costas de Talcahuano, indicando que los habitantes: 

“…apenas habían vuelto en sí de la sensación de terror causada por los destructivos vaivenes de la tierra, cuando les llenó otra vez de espanto la retirada del mar. La ruina de Penco se presentó a su memoria; temerosos de una avenida de las olas, corrieron en tropel a ponerse en salvo sobre las alturas vecinas.” (3)

Agrega que 30 minutos después del terremoto, cuando ya afortunadamente la mayor parte de la población se había refugiado en los cerros, el mar se retiró dejando varadas las embarcaciones que estaban ancladas en siete brazas de agua, quedando descubiertos las rocas submarinas y bancos de la bahía. 

Con gran dramatismo Fitz Roy describe la llegada de la primera marejada, señalando lo siguiente: 

“…se alcanzó a ver una ola enorme que se abría camino por la boca occidental que separa la isla de Quiriquina del continente. Esta ola inmensa pasó rápidamente por el lado occidental de la bahía de Concepción, barriendo cuantas cosas movibles encontró en aquella costa pendiente, hasta 30 pies de altura sobre el nivel de pleamar. Rompió por sobre los buques; los zarandeó, como si hubiesen sido pequeños botes; inundó la mayor parte del pueblo; i hecho esto, refluyó con tal Ímpetu, que casi todos los efectos trasportables que el terremoto no había sepultado bajo las ruinas, fueron arrastrados por las aguas.  (4)  

Al poco rato nuevamente vararon los buques, divisándose una segunda gran ola, que según Fitz Roy; 

“…se acercaba bramando con más furia que la primera. Sus estragos, sin embargo, no fueron tan grandes, porque había ya poco que destruir. El mar se retiró de nuevo, acarreando gran cantidad de efectos de madera, y los materiales menos pesados de las casas, y dejando otra vez varadas las embarcaciones.” (5)  

Finalmente, el  capitán británico se refiere al embate de la tercera ola, más grande y  violenta. Que llegó al cabo de algunos minutos de temerosa expectación, expresándolo así:

“…se dejó ver otra tercera ola entre Quiriquina y el continente, enorme, y al parecer de mayores dimensiones que las anteriores. Bramando al estrellarse con lo que encontraba al paso, se precipitó con una violencia irresistible sobre la playa, cubriéndolo y destruyéndolo todo. Refluyendo luego, como rechazada por el pie de los cerros, arrastró en su retroceso gran cantidad de efectos caseros, cercas, y todo género de muebles, que, sosegada la tumultuosa avenida, sobrenadaron, presentando la apariencia de un vasto naufragio.” (6)

Un comentario del capitán FItz Roy da cuenta que el maremoto también avanzó en  dos frentes, incluida   la bahía de San  Vicente, haciendo temer a los sobrevientas que la península de Tumbes se separaría   del continente como una isla.

“Las personas que estaban sobre alturas que dominaban a las dos bahías, observaron que el mar avanzaba hinchado sobre San Vicente al mismo tiempo que sobre Talcahuano. La explosión de San Vicente y la embestida del mar por ambos lados, les hicieron creer que la península de Tumbes iba a separarse del continente, i muchos corrieron por los cerros arriba hasta colocarse en lo más elevado.” (7)

Cierra esta descripción indicando que después de tanta convulsión  la naturaleza descansó,lo que fue aprovechado para que:

“Gran número de habitantes se encaminaron entonces a las ruinas, ansiosos de averiguar la magnitud de sus pérdidas y  de salvar su dinero y algunos artículos preciosos, que, perdonados por las olas, estaban expuestos a las depredaciones.” (8)

Relata Fitz Roy que en los días posteriores el desastroso sismo, casi todos los habitantes, excepto unos pocos que se refugiaron en los buques, pasaron la noche sobre los cerros al descubierto,  y no quisieron bajar de allí.  Al día siguiente, comenzaron  a hacerse chozas y ranchos sobre las alturas, temiendo otra arremetida  del mar.




El bergantín Beagle en los canales australes de la Patagonia. 


Fitz Roy como hombre de mar, también menciona  lo sucedido a los siete navíos que se encontraban anclados en la bahía, los cuales resistieron milagrosamente al maremoto, sin grandes daños pese a que algunos chocaron entre sí ,  y quedaron varados e inundados.

“Tres grandes balleneros, una barca, dos bergantines y una goleta, estaban anclados a poca distancia del pueblo en 4 hasta 7 brazas de agua, con una sola ancla y bastante cable. Con la brisa del sur… los buques quedaron a la parte de afuera de sus anclas, la popa hacia el mar; y en esta posición, vararon. El capitán del puerto, Delano, estaba a bordo de uno de los balleneros... La primera gran ola dio contra la popa del buque, se estrelló sobre él, y lo levantó sin hacerle más daño que barrer su cubierta; la cadena, que estaba floja, se deslizó sobre el fango, y contuvo la embarcación poco a poco, a medida que fue calmando el primer ímpetu de la ola. (pág. 212) Revolviendo luego el agua, la hizo girar al rededor, y la dejó varada casi en la misma posición que antes. La profundidad, que era de dos brazas cuando el buque varó, creció hasta diez en el mayor ascenso del agua; y las dos últimas olas produjeron en las embarcaciones el mismo efecto que la primera.”

“Hubo buques que chocaron violentamente uno contra otro, y que dieron vueltas alrededor, como en un remolino, sin experimentar mucho daño. Había en la playa un buque pequeño de unas 30 toneladas, que estaba para ser lanzado; el mar lo llevó más de 200 varas tierra adentro, y  lo dejó allí sin lesión. Una goletilla  estaba anclada delante del pueblo, soltó el cable y se hizo afuera, encontrando la ola sin romperla, y montando sobre ella como en una marejada ordinaria. La Colo cólo, que estaba a la vela a la entrada oriental de la bahía, hizo cara a las olas de la misma manera y con igual suceso.” (9)

El capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, describe  un  hecho anecdótico en medio del maremoto que implicó la sobrevivencia de un niño de origen inglés:

“Muchos botes se hicieron mar afuera antes de retirarse las aguas. Unos arrostraron las olas, y tuvieron la dicha de montar sobre ellas y salvarse; otros casi zozobraron en la lucha. El afortunado escape de un niño de 4 años merece contarse. Una criada se había refugiado con él en un bote; el bote se estrelló contra un ancla en la playa, y  se partió en dos. La criada se ahogó; pero el niño se agarró de uno de los pedazos del bote y salió con él a la bahía. El fragmento flotó acá y allá; y el niño se mantuvo firme hasta que fueron a buscarle, y le hallaron sentado en él, sujetándose con ambas manos, mojado y tiritando de frio, pero sin lesión alguna. El niño se llama Hodges; su padre es un inglés muy conocido en Talcahuano, y ha sido oficial de la marina británica.” (10) 

Asimismo, el capitán Fitz Roy  describe el comportamiento del nivel mar con posterioridad al maremoto, señalando:

“Por cuatro días consecutivos, se presentó el mar cubierto de despojos, no solo en la bahía de Concepción, sino hasta alguna distancia, arrojando a las playas de la isla de Quiriquina multitud de muebles destrozados i todo género de efectos de madera; de modo que durante algunas semanas so ocuparon varias partidas en recogerlos i llevarlos al pueblo. En los  tres días que siguieron al de la, catástrofe, los flujos y reflujos fueron frecuéntese irregulares. Durante algunas horas después del sacudimiento, el mar se mantuvo subiendo y  bajando hasta dos o tres veces por hora”.   (11) 

Fitz Roy comenta que la posición  de la isla Quiriquina, dividió la avalancha de las olas en dos  brazos, aminorando sus efectos en el lado oeste (boca chica).

“Al este de la Quiriquina, la avenida no fue tan grande ni tan impetuosa como al oeste, porque allí encontró más espacio en que gastar su fuerza, siendo aquella la parte más ancha y profunda de la bahía. La isla dividía las olas en dos brazos: uno de ellos corría por Tumbes o la playa occidental, hacia Talcahuano; y el otro, por la boca oriental hacia Lirquén y Tomé. “ (12)

Fitz Roy describe algunos fenómenos  ocurridos durante el maremoto  en plena mar, similares a trombas marinas  y emanaciones de  sulfuro en algunos sectores.


“Notáronse dos explosiones al tiempo de entrar las olas: una más allá de la Quiriquina, que fue observada por Mr. Henry Burdon y su familia, embarcados en una lancha cerca de Tomé, y se les presentó como una gran columna de humo, semejante a una torre; la otra en el medio de la bahía de San Vicente, parecida al chorro de una inmensa ballena, dejando, al desaparecer, un remolino que duró algunos minutos, y  cuyo centro era profundo, como si el mar se entrase en una cavidad de la tierra. Al tiempo de la ruina y hasta después de las avenidas, el agua de la bahía pareció estar como hirviendo, escapándose ampollas de aire o gas; el agua se puso de color oscuro y exhalaba un olor sulfúreo muy desagradable. “ (13)

Además describe  muchos fenómenos inusuales asociados al maremoto, como por ejemplo,  que el mar arrojó gran cantidad  de peces muertos; emanaciones de aguas negras y  fétidas. Como ocurrió  en el patio de Mr. Evans, en Talcahuano, donde se hinchó  y reventó el suelo, vertiendo una agua hedionda y sulfurosa; cañones de a 24 cedieron al impulso de las olas y fueron arrastrados a gran distancia y volcados;  el trasporte un niño  sobre un trozo de bote sin recibir daño; o vidrieras de ventanas que llegaron a  las playas de la Quiriquina, sin que el  mar les hubiese quebrado un vidrio.

Un dato interesante que menciona Fitz Roy es la altura que alcanzaron las olas, elevándose  entre los  6 a 9 metros en algunos sectores (30 pies).

“Tasando por la estrecha angostura que separa a la Quiriquina de Tumbes, las grandes olas habían barrido las playas hasta la altura de 30 pies (9 metros) verticales sobre el nivel de pleamar; pero es probable que solo alcanzaran a esta elevación por los costados de dicha angostura, donde el agua encontró más obstáculo, i se tendió más por la playa.”

“Los que observaron las avenidas, las creyeron tan altas como la parte superior del casco de una fragata más allá del fondeadero; lo que viene a ser unos 16 (5 mts) a 20 ( 6 mts)   pies sobre el nivel de la bahía. No se rompían sino aquellas partes de la ola que chocaban contra algún obstáculo, hasta cerca de media milla de la playa, donde se estrellaban bramando de un modo espantoso. “ (14) 

“Por la marca que dejó el agua en la pared de la casa del capitán Delano, se echó de ver que las avenidas montaron 25 pies (7 mts) sobre el nivel ordinario de pleamar. El agua penetró a los altos i dejó festones de plantas marinas en los techos i sobre la cima de las rotas paredes…” (15)

Fitz Roy hace mención especial de lo sucedido en la isla Rocuant o de Los Reyes, donde por ser  tierras planas  fueron más graves los daños, especialmente en los animales.

“Donde quiera que la invasión de las olas encontró tierra llana, fueron terribles los estragos, porque estos terrenos están por lo general muy habitados y cultivados. Las tierras bajas hacia el fondo de la bahía de Concepción, en especial la de la isla de los Reyes, fueron cubiertas por las aguas, e irreparablemente desmejoradas. Perdióse mucho ganado vacuno, muchos caballos y ovejas. “  (16) 

A través de relato de Fitz Roy  se aprecia que una de las consecuencias del fuerte sismo de 1835 fue la elevación de superficie terrestre en  Talcahuano, tal como lo gráfica la siguiente aseveración:

“Andando por la playa en pleamar, las capas de marisco muerto i las algas marchitas adherentes a los peñascos en que se habían criado, atestiguaban por todas partes la reciente elevación de la tierra.”  (17)  



Bibliografía y fuentes:

(1) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Dirección del Consejo de Instrucción Pública, Volumen XV, Miscelánea, Santiago de Chile, Imprenta Cervantes, Bandera, 73  ,1893. Pág. 207 a 216.

(2) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág.207.

(3) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 208.

(4) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.


(5) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.

(6) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.

(7) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.

(8) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 212.

(9) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 13

(10) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 213. 

(11) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 213.

(14) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 214.

(16) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 216.

(17) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 216.


Observación : Se autoriza la reproducción del material redactado e imágenes citando al autor y fuentes.

lunes, 9 de marzo de 2015

EFECTOS DEL TERREMOTO Y MAREMOTO DE 1835 EN TALCAHUANO, PARTE II.



Por Rolando Herrera Poblete, Profesor de Estado en Historia y Geografía, (UFRO), investigador de la Historia Local y Patrimonio de Talcahuano.

DESCRIPCIÓN DE CHARLES DARWIN .

Otras observaciones del gran sismo de 1835, más especializadas, profesionales y científicas fueron realizada por marinos británicos de la expedición hidrográfica enviada por el almirantazgo inglés, a bordo del bergantín HMS Beagle (1831-1836), navío que circunnavegó los mares del globo, con el objetivo de realizar levantamientos hidrográficos y de planos cartográficos de las costas meridionales de sudamericana (Brasil ,Uruguay, Argentina, Chile, Patagonia , Tierra del Fuego islas Malvinas, Perú, Ecuador   y de algunas islas del Pacífico) y obtener una serie de distancias meridianas del océano Pacífico, sin dejar de lado las observaciones y trabajos, meteorológicos , geológicos, geográficos, y etnográficos. 

Entre estos marineros se encontraba el destacado capitán Robert Fitz Roy, comandante de la expedición, y el joven naturalistas Charles Darwin de 26 años, (celebre posteriormente por su teoría de la evolución de las especies por selección natural), contratado para hacer investigaciones geológicas biológicas y antropológicas, quienes se encontraban en el sur de Chile (Valdivia), en la fecha precisa del mega terremoto de 1835. 

La expedición británica del Beagle se inició el 27 de diciembre de 1831, zarpando de Devonport, Plymouth, Inglaterra.(1)

En agosto de 1832, iniciaron la exploración y levantamiento de la costa atlántica de la Patagonia, continuando a la Tierra del Fuego y a las islas Malvinas.

El 9 de junio de 1834, en puerto del Hambre dieron por terminado su trabajo en esta zona, zarpando hacia Valparaíso. Allí se reabastecieron, y en julio de 1834 navegaron a Chiloé alcanzando hasta la península de Tres Montes. Levantaron las costas de las islas que están al este de la isla Grande de Chiloé y las islas del archipiélago de los Chonos.

El 5 de febrero de 1835 ,el Beagle zarpó hacia el puerto de Valdivia, sondando y levantando la costa, el 8 fondearon en Valdivia. Acá soportaron el gran terremoto que el 20 de febrero de 1835 devastó la ciudad de Concepción y otros lugares.

La expedición decidió zarpar a la zona afectada, el 22 de febrero, fondeando primero, el 24 en la isla Mocha, donde estuvo toda la semana levantando sus costas y sondando sus alrededores, donde constataron que el terremoto se había sentido muy fuerte en la isla. 

A principios de marzo de 1835, arribaron a la bahía de Talcahuano quedando impresionado porque vieron ruinas por todos lados. Además del terremoto había sufrido un tremendo maremoto.

Cuando el Beagle entró a la bahía de Concepción, solo le quedaba un ancla por lo que era urgente llegar a Valparaíso ya que no había en Talcahuano. Por esto zarparon el 7 de marzo, fondeando en Valparaíso adquirieron nuevas anclas y el 17 zarparon nuevamente hacia Concepción. 

Desde el 27 de marzo hasta el 17 abril estuvieron levantando los alrededores de la costa de Concepción, la bahía de Arauco, la isla Santa María y la Mocha, observando e investigando los efectos del terremoto y maremoto, impresiones que registraron en detallados informes escritos que posteriormente publicaron .

El 17 de abril de 1835, zarparon definitivamente de la bahía de Concepción, examinaron Coliumo y el 20 estuvieron en el río Maule.

La expedición del Beagle continúo realizando levantamientos de la costa norte de Chile, desde Valparaíso a Coquimbo; continuando luego hasta El Callao, Guayaquil. (Archipiélago de las Galápagos). Recalaron en las islas Low, (Tahiti) Nueva Zelanda, Australia, islas Keeling, islas Mauricio, cabo de Buena Esperanza, isla Santa Helena, Ascensión, Bahía, Pernambuco, islas de Cabo Verde, Azores y finalmente fondearon en Falmouth, Inglaterra el 2 de octubre de 1836 , dando por finalizada la expedición que duro casi 3 años. (2)




Bergantín HMS Beagle, en el cual llegaron, el 4 de marzo, los expedicionarios británicos Robert Fitz Roy y Charles Darwin a observar los efectos del sismo de 1835 en Talcahuano y recoger los testimonios de sus habitantes.


Como habíamos mencionado anteriormente,el 20 de febrero de 1835, Charles Darwin se encontraba en la costa de Valdivia, junto a un campañero, tendido a la sombra de un bosque para descansar, cuando según su relato sintió: ”el más violento terremoto que según humana memoria ha tenido lugar aquí”. Señalando que el movimiento empezó de pronto y duró dos minutos o más y que las ondulaciones provenían del Este agregando que no experimentó dificultad para sostenerse de pie; pero el movimiento le produjo mareo. (3)

En la ciudad de Valdivia el efecto fue más notable y las casas de madera fueron violentamente sacudidas pero no derribadas. Allí todos los habitantes, presa de loco terror, se precipitaron por las calles. 

Una anciana que se hallaba en la playa, le relató que el agua se dirigió con gran rapidez hacia la costa, pero sin formar grandes olas, y subió rápidamente hasta el nivel de las grandes mareas; después recobró su nivel con la misma velocidad. Lo que confirmó Darwin al observar línea de arena mojada. (4)

La expedición del Beagle poco tiempo después navega a Concepción a observar el fenómeno, desembarcando en la isla Quiriquina, el 4 de marzo de 1835. 

El intendente de la isla les informó sobre el terrible terremoto expresándoles: "No hay una sola casa en pie en Concepción ni en Talcahuano (el puerto); que setenta aldeas han quedado destruidas y que una ola inmensa se ha llevado casi las ruinas de Talcahuano". 

Darwin excursionó por la isla y corroboró lo que la autoridad le contaba, observando los objetos, enseres y mercaderías que flotaban en el mar, y la emergencia de grandes rocas que antes estaban sumergidas:

“…la costa entera está colmada de maderos y de muebles, como si un millar de buques hubieran ido a romperse allí. Además de las sillas, las mesas, las cómodas, etcétera, vense los techos de muchos cottages (casas de campo) que han sido transportados hasta allí casi enteros. Los almacenes de Talcahuano han compartido la suerte común y se ven también inmensas balas de algodón, de hierba mate y de otras mercancías. Durante mi paseo alrededor de la isla veo que numerosos fragmentos de rocas, que, a juzgar por las producciones marinas que tienen aún adheridas, debían hallarse recientemente a grandes profundidades, han sido arrojados muy a lo alto de la costa; mido uno de esos bloques que tiene seis pies de largo, tres de ancho y dos de espesor (1.83 mts. de largo, 0.91 mts. de ancho y 0.61 mts. de espesor) (5)



Agregando algunos interesantes comentarios sobre los efectos geológicos sobre la corteza y rocas de la isla Quiriquina :



“La horrible fuerza del terremoto había dejado, por otra parte, en la isla tantas huellas como la gran ola las había dejado en la costa. En muchos lugares se veían profundas grietas en dirección Norte a Sur, causadas sin duda por el sacudimiento de las costas paralelas y escarpadas de esa estrecha isla. Cerca del acantilado, algunas de esas grietas tenían un metro de anchura. Masas enormes habían caído ya en la playa… El efecto de la vibración en las duras pizarras que forman la base de la isla era aún más curioso: las partes superficiales de algunas de esas rocas habían sido rotas en mil pedazos, como si se hubiera hecho estallar una mina.”  (6)



Charles Darwin ( 1809 – 1882) naturalista inglés , autor de la teoría evolutiva de la selección natural de las especies, que llegó a Chile en la expedición del Beagle y visitó Talcahuano para observar los efectos del gran sismo de 1835.


Al día siguiente, 5 de marzo, Darwin desembarcó en Talcahuano, y visitó Concepción, presenciando el más terrible e interesante espectáculo que impresionó al extranjero, señalando que: “las ruinas estaban tan completamente entremezcladas que no podía formarse idea alguna de lo que tales poblaciones eran antes; apenas podía creerse que aquellos amontonamientos de restos habían servido de moradas.” 

Agrega que el terremoto empezó a las once y media de la mañana, y reflexiona que si hubiera ocurrido a medianoche, millares de habitantes habrían perecido. Sin embargo, hubo sólo un centenar de víctimas, gracias a la costumbre que se tiene de salir fuera de las casas cuando el suelo tiembla. (7)

El naturalista Darwin en base a los testimonios que recogió, relata extensa y detalladamente el desarrollo del maremoto que afectó a Talcahuano. 

Resaltando, entre otras cosas, que fueron tres olas con una fuerza enorme, de una la altura que alcanzó a los 7,10 metros, que inundaron la ciudad, que trasportaban incluso ganado, cañones de artillería, goletas y navíos, algunos de los cuales quedaron depositados en seco en algunos momentos al bajar la marea. Sin embargo, pese al embate de las olas, según Darwin, los habitantes tuvieron tiempo de refugiarse en las colinas situadas detrás de la ciudad. 

Así por ejemplo, da cuenta en su relato que la ola que había seguido al terremoto y que inundó la ciudad, había dejado al retirarse un confuso montón de ladrillos, tejas y vigas, y algunas paredes aún en pie. 

Agrega que el mayordomo de la Quiriquina le refirió que:

…el primer indicio que recibió fue el hallarse rodando por el suelo él y el caballo que montaba. Se levantó y fue derribado de nuevo. Me dijo también que algunas vacas que se hallaban en los lugares escarpados de la costa fueron precipitadas al mar. La enorme hola arrastró a muchos ganados. En una isla baja, (Rocuán) situada cerca de la entrada de la bahía, setenta animales se ahogaron.”  (8)

Continua relatando que algunos instantes después de la sacudida se vio : 

“… a una distancia de tres o cuatro millas, una enorme hola que avanzaba en medio de la bahía … que parecía inofensiva, pero que a lo largo de la costa derribó las casas y desarraigó los árboles al avanzar con fuerza irresistible. Llegada al fondo de la bahía, se rompió en espumosas olas que se elevaron a una altura vertical de 23 pies [7,10 mts.] por encima del nivel de las más altas mareas. “ 

“La fuerza de tales olas debió de ser enorme, porque, en la fortaleza, trasladaron a una distancia de 15 pies [4,57 mts.] un cañón con su cureña, que pesaban cuatro toneladas. Un schooner (goleta) fue transportado a 200 metros de la costa y encalló en medio de las ruinas. Otras dos olas se produjeron y, al retirarse, se llevaron una gran cantidad de restos. En cierto sitio de la bahía, un navío fue llevado a la costa, separado de ella, arrojado de nuevo contra la costa y puesto al fin otra vez a flote por la última ola. “ 

“En otro lugar de la bahía, dos grandes navíos, anclados uno junto al otro, se pusieron a dar vueltas de tal modo que los cables de sus anclas se arrollaron uno en otro, y aunque había allí 36 pies de agua [10,97 mts.], se encontraron de pronto en seco durante algunos minutos.” 

“La ola mayor, por lo demás, se aproximó con bastante lentitud, porque los habitantes de Talcahuano tuvieron tiempo de refugiarse en las colinas situadas detrás de la ciudad. Por otra parte, algunos marinos se apresuraron a subir a una canoa y remar con fuerza hacia la ola, esperando sobrepasarla si llegaban a ella antes de que rompiera, y lo consiguieron; una anciana, a su vez, se metió en una canoa con un niño de cuatro o cinco años; pero, no habiendo quien remara, se quedó cerca del muelle; el barquito fue lanzado contra un ancla y partido en dos; la anciana se ahogó y algunas horas después se halló entre las ruinas al chicuelo, que había escapado sano y salvo. “  (9) 

Finalmente Darwin hace una reflexión que da cuenta de la resiliencia o capacidad de los choreros de esa  época,  para sobreponerse al dolor emocional y situación adversa que les produjo el terremoto y maremoto de 1835: 

“En el momento de nuestra visita se veían aún en medio de las ruinas charcos de agua salada y los niños, haciendo servir de barcos mesas o sillas, se divertían bogando y parecían tan contentos como empobrecidos habían quedado sus padres. Pero confieso que vi, con gran satisfacción, que todos los habitantes parecían mis activos y más felices de lo que hubiera podido esperarse después de tan terrible catástrofe. Se ha hecho observar, con cierto grado de verdad, que siendo general la destrucción, nadie sentía más humillado que su vecino, nadie podía acusar a sus amigos de frialdad, dos causas que añaden siempre un vivo dolor a la pérdida de la riqueza. “ (10) 







Plano hidrográfico de la bahía de Talcahuano  confeccionando por los oficiales del Beagle en su estadía en marzo de  1835. (Fuente: Claudio  Gay, Atlas de la Historia, Física y Política de Chile, París, 1854)



Bibliografia y Fuentes :

(1) http://es.wikipedia.org/

(2) http://es.wikipedia.org/

(3) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo (1839), Librería El Ateneo, Buenos  Aires 1945, páginas  360 a  365. En http://www.memoriachilena.cl/

(4) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo , pág,  361. 

(5) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo , pág,  361. 

(6) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo , pág,  362. 


(7) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo , pág,  363. 


(8) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo , pág,  364. 


(9) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo , pág,  365. 


(10) Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del Mundo , pág,  365. 



Observación: se autoriza utilizar el  material redactado e imágenes citando al autor y las fuentes.





EFECTOS DEL TERREMOTO Y MAREMOTO DE 1835 EN TALCAHUANO, PARTE I.

Por Rolando Herrera Poblete, Profesor de Estado en Historia y Geografía, (UFRO), investigador de la Historia Local y Patrimonio de Talcahuano.


Talcahuano como puerto y ciudad ha sufrido en el pasado (1657,1730,1751,1835,1898,1939,1960,2010) y sufrirá indudable y lamentablemente en el futuro, nuevos terremotos y maremotos, producto del fenómeno geológico de choque de las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana; y por su ubicación geográfica costera frente al océano Pacifico ; acentuado además por las características de  sus bahías: una en forma de U orientada hacia el norte, aunque mitigada por la isla Quiriquina, pero igual receptáculo fácil de cualquier oscilación violenta del nivel del mar proveniente de esa orientación. La otra, la de San Vicente, igual susceptible de los maremotos provenientes del sur.

Esto nos obliga a actuar con resiliencia y recrear y actualizar la cultura sísmica de prevención y reacción frente a los desastres naturales telúricos, que ya ha venido siendo desarrollada por todas las generaciones anteriores de choreros , como reacción frente a los sismos del pasado ; para así estar mejor preparados y atentos para evitar lamentables pérdida de vidas humanas y mitigar destrozos materiales. En síntesis, debemos aprender del pasado. 

En febrero pasado se cumplieron 180 años de uno de los desastres naturales más violentos y destructivos de la historia telúrica de Chile, que afectó a los habitantes e infraestructura urbana del entonces floreciente puerto y villa de Talcahuano, ocurrido el 20 de febrero 1835, que es conocido en la historia nacional con el nombre de “La Ruina”, por sus efectos devastadores especialmente en toda la provincia de Concepción. 

Revisando los relatos de las fuentes consultadas sobre este desastre, llama la atención como se repiten algunas características del sismo, comparables con el mega terremoto que sufrimos el 27 de febrero del 2010. Los ruidos subterráneos, los movimientos violentos de la superficie terrestre, la retirada y subida del nivel mar, las escenas de pánico en las personas, la destrucción de casas y edificios, el arrastre por las olas de enseres y objetos , la muerte de personas. Lo que nos lleva a pensar sobre el postulado de que la historia es cíclica, es decir, se repite cada cierto tiempo…

Según datos oficiales actuales del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile: se produjo a las 11:30 AM, hora local, a una latitud de 36º.830 y longitud de 73º.030, con una magnitud o energía liberada de 8.5º Ms (Magnitud con ondas superficiales), teniendo un calificativo de tsunami destructor y mayor (TD). (1)

Otra fuente señala que se originó geológicamente por una falla inversa interplacas (Nazca y Sudamericana), afectando a las zonas entre los ríos Cachapoal a Valdivia. (2) 

Gobernaba el país el presidente Joaquín Prieto Vial (1831 - 1841), de origen penquista , quien asumió el mando de Chile después del triunfo en la batalla de Lircay sobre la tendencia liberal , que finalizó la revolución civil de 1829 y el denominado periodo de la Anarquía , que llevó al poder a la facción conservadora de la entonces élite política gobernante. Prieto fue secundado en las labores de gobierno por su célebre ministro del Interior Diego Portales Palazuelos. Durante su gobierno los puertos de Chile y Talcahuano se vieron favorecidos con la política económica impulsado por su ministro de Hacienda , Manuel Rengifo, tendiente a aumentar los impuestos en beneficio del Estado, a través de la creación de almacenes francos, aduanas y la potenciación de la marina mercante nacional. 

De este fenómeno telúrico existen numerosas y detalladas fuentes, que dan cuenta de sus características y efectos sobre la población y ciudades, siendo uno de los mejores documentados y descritos de la época, desde el punto de vista científico.



Panorámica de Talcahuano en 1828, 7 años antes del sismo de 1835. Dibujo realizado por el naturalista alemán Eduardo Poeppig, que lo visitó para realizar estudios geográficos, botánicos y zoológicos. Se aprecia su aspecto urbano de aldea colonial con casas rústicas y bodegas, además del movimiento naviero del puerto. 



DESCRIPCIÓN DEL GOBERNADOR MANUEL BAYÓN.

Una de las descripciones que hemos recopilado corresponde al informe de la autoridad oficial local del puerto de Talcahuano, el gobernador del Departamento Manuel Bayón, al Intendente de la provincia de Concepción. 

En este relato el gobernador Bayón , en síntesis , enfatiza que el horrible temblor ocurrido a las 11,20, derribó en 3 minutos gran parte de los edificios del pueblo, y que a partir las 12,30 había sido seguido por tres horrorosos y espumosos penachos de agua de gran altura, que destruyeron las poblaciones y habitaciones de la costa, y ahogaron a los pobladores y al ganado (30 a 40 victimas) ; seguido de retiradas del mar que dejaron en seco las embarcaciones de la bahía, haciéndolas chocar y enredar, arrastrando a su vez , los bienes de los vecinos. 

Pero veamos en detalle la descripción de esta autoridad departamental:

“…el 20 del precitado mes a las once y veinte minutos da la mañana había habido en Talcahuano un horrible temblor de tierra que en el espacio de tres minutos derribó todos los techos y gran parte de los edificios del pueblo, y que los continuos fuertes sacudones que se le siguieron aumentaron progresivamente los estragos. Que a las doce y media se había mostrado por Boca chica arrimado a la costa de Tumbes un penacho de agua tan majestuoso como horroroso, el que vino destruyendo totalmente las numerosas poblaciones de la costa, y derribando los riscos que se le oponían llegó a consumar la obra de destrucción, arrancando hasta los cimientos de los edificios del oeste.

Que a los pocos minutos hizo el mar una retirada como de doce cuadras dejando en seco las embarcaciones de la bahía, y arrastrando consigo los intereses que formaban el bienestar de los vecinos y de muchos de la provincia, y que para que los habitantes del centro y de la caleta no fuesen más , vino a la una y media un golpe de agua con la mansedumbre de una taza de leche, que bañó todo lo que había escapado del primer furor de las olas, y destruyó del mismo modo las habitaciones. Que veinte minutos después al retirarse de nuevo el mar hizo chocar a las embarcaciones, y enredó sus amarras de un modo inconcebible, y que a la una y media de la tarde se hizo ver por la Boca grande de la Quiriquina una espaciosa barra de agua espumosa de prodigiosa altura que pasó por la isla de Rocuán, en donde arruinando las poblaciones ahogó también a sus pobladores y ganados, y que paró su furia en el lugar de los Perales.

Los asombrosos efectos de este fenómeno terrible han sido: que todos los edificios, a excepción de los ranchos del cerro (que también han sufrido considerablemente algunos daños) hayan sido arrancados hasta sus cimientos: que nadie cuenta con lo más mínimo de sus intereses, y que descansan en paz más de treinta a cuarenta víctimas que han caído bajo este terrible golpe tan feroz como inesperado.

Las particularidades que han causadlo los movimientos de la tierra y del mar son tantas y tan extrañas, que me abstendré por temor de ser tachado de exagerador de entrar en los pormenores: baste sólo este suceso para que se comprendan: la señora Rogers, que a la primera salida del mar trató de embarcarse con sus hijos, tuvo la desgracia de verse arrojada a una distancia de seis cuadras hacia tierra con tres hijos ; en uno de los fragmentos del bote el cuarto hijo de edad de cuatro años asido de las manitas a un pedazo de tabla que formaría la vigésima parte del bote, fue hallado a las inmediaciones de Lirquén por una embarcación que se dirigía a este puerto , y aunque fue tomado exánime, ya está restablecida esta afortunada criatura. Finalmente, una masa de roca, que se calcula en cerca de veinticinco mil toneladas, fue desgajada de las montañas de la Quiriquina, y se dice haber caído al lado de la Boca grande de la bahía de Talcahuano.” (3)


Las autoridades centrales de gobierno de la época, a través de la Intendencia, ministerios de Interior y Hacienda pronto reaccionaron ante el desastre, tomando varias medidas de reconstrucción, como por ejemplo: 

-Construir edificios provisionales de maderas en el puerto de Talcahuano con el objeto de restablecer las oficinas de aduanas, tesorería y factoría de especies estancadas.

-Contratación de 10 y 33 oficiales de carpintería costeados por el gobierno para que se empleasen en el servicio público o de particulares en Talcahuano.

-Además se expidieron órdenes para fletar un buque que transportase a cuenta del fisco, desde Chiloé a Talcahuano, cincuenta mil tablas de alerce para que se empleasen en las reparaciones del puerto. (4) 


DESCRIPCIÓN DE IGNACIO DOMEYKO Y PAUL DELANO.


Otro autor que escribe sobre los estragos del fenómeno telúrico de 1835, es el naturalista polaco, Ignacio Domeyko, contratado por el gobierno chileno en 1838, para enseñar mineralogía y química en el liceo de La Serena y Copiapó. 

Entre 1840 y 1846 realizó viajes por gran parte del país estudiando la geología de extensas zonas. Destacando la inexplorada riqueza minera de Chile. En 1847 fue contratado como profesor del Instituto Nacional, finalmente fue rector de la Universidad de Chile entre 1867 y 1883.

Domeyko recorrió también la Araucanía, en 1845, cuando este territorio aún no había sido incorporado a la soberanía nacional. Luego escribió un libro donde describe las características físicas de esa zona casi desconocida para los chilenos, junto con las costumbres de sus habitantes. También explicó en este texto las razones por las cuales los mapuches no habían podido ser sometidos, esbozando una propuesta para su reducción.(5)

En el trayecto de viaje a los territorios de la Araucanía, arribó en un vapor, el 30 de diciembre de 1845, al puerto de Talcahuano, donde fue hospedado por el vecino y rico comerciante oriundo de Estados Unidos, Paul Delano , quien le testimonió sus impresiones sobre el terremoto y maremoto de 1835. 

Al arribar la bahía el naturalista polaco quedó impresionado por la belleza y serenidad y amplitud de la bahía e isla Quiriquina, por sus cerros y bosques verdes, muy distintos a los parajes desérticos del norte chico chileno, que él conocía.

Agrega que el puerto de Talcahuano era uno de los mejores y más seguros del océano. Allí encontró una docena de buques mercantes anclados, que estaban transportando en botes y chalupas sacos con trigo a algunos buques, y otros que descargaban mercancías.

Asimismo, destaca que el puerto y el pueblo contaba con tres mil habitantes; y que había pasado por tristes vicisitudes, como el saqueo realizado por el realista Benavides, al finalizar la guerra de la independencia ; y su total destrucción por un terremoto y por las inundaciones del mar en el año 1835.

Domeyko señala que pasó un día en Talcahuano, visitando además los yacimientos de carbón natural de formación terciaria, que se encontraban en gran cantidad en la orilla de la bahía y en Andalién, que se empleaba en los vapores, y que además constituía uno de los rubros de la riqueza de la provincia.(6) 




Ignacio Domeyko Ancuba (1802-1889)

Científico y mineralogista polaco , quien arribó a Talcahuano en 1845  en viaje a La Araucanía y que recogió los testimonios sobre  el sismo de 1835,  de parte de Paul Delano Ferguson.



Según Domeyko, Delano le contó que en el momento del terremoto se encontraba con su padre y toda la familia en la orilla de la bahía, en el mismo lugar en que reconstruyó la misma casa, tal como estaba antes del terremoto.

Delano le relata que el terremoto fue antecedido por un espantoso ruido subterráneo, que no dejaba tenerse en pie y que derrumbó al pueblo. Luego el mar comenzó a retroceder y que refluyó furiosamente sobre las casas de la costa destruyéndolas.

Su familia logró huir en una chalupa y refugiarse en un barco, antes de que el mar nuevamente comenzara a agitarse y alejarse de la costa, dejando a la bahía sin agua; para luego retornar con violencia; abatiendo la ciudad con fuerza hasta el borde del cerro, donde logró refugiarse la población en su cima. Los espantosos llantos y gritos de mujeres y niños llegaban al barco, junto al ruido de las olas que chocaban contra las cosas y rocas.

Delano dramáticamente agrega que 3 olas verticales y espumosas avanzaron sobre el pueblecito hundiéndolo y derrumbando con lo poco que quedaba y barriendo con enseres y cadáveres.







Paul J. Delano Tripp (1775-1842)  oficial de marina norteamericano, contratado para colaborar en las guerras de independencia de Chile, capitán de puerto de Talcahuano y su esposa  Ann Ferguson (1774-1847), quienes junto a su familia  sufrieron  la perdida de su mansión  y sobrevivieron a  los embates del maremoto de 1835.  

A continuación reproducimos el testimonio de Delano transcrito por Domeyko:

“Un espantoso estrépito subterráneo precedió en algunos segundos el terremoto; el suelo temblaba y oscilaba bajo los pies de tal forma que uno no podía tenerse en pie. De pronto el mar empezó a alejarse de la orilla y, habiendo retrocedido un par de estadios al interior de la bahía, refluyó con un tremendo estrépito y fragor al continente hundiendo muchas chozas y casas de la costa. Al verlo el capitán de un buque, amigo del señor Délano, envió a toda prisa un chalupa en la que, aprovechando el instante, la familia medio muerta de terror logró huir a tiempo y llegar al barco. Porque a los pocos minutos el mar comenzó de nuevo a agitarse y alejarse de la orilla, dejando todo el fangoso fondo de la bahía sin agua hasta el lugar en que los buques empezaban a soltarse de las anclas y de nuevo retornaba, al comienzo lentamente y luego con creciente violencia a su lecho. 

Pero no se detuvo en la orilla; por el contrario, se abatió sobre la ciudad con tal fuerza y empuje que casi de un solo golpe hundió todas las casas hasta el cerro más próximo. El espantoso llanto y griterío de mujeres, niños y de casi toda la población refugiada en ese cerro nos llegaba a través del fragor de las olas que chocaban contra las casas y las rocas. Pero no llegaron hasta la cima del cerro y, al refluir, sólo dejaron tras de sí montones de ruinas, de objetos y a trechos sólo desnudas paredes inclinadas. Una gran parte de la bahía quedó nuevamente sin agua, pero el terror y el espanto llegaron al clímax cuando se vio por tercera vez el cúmulo de olas verticales y espumosas que avanzaban como al salto. La gente ya no tenía dónde huir y quedaba poco por destruir. Esta vez las olas subieron un poco más lejos que la vez anterior y, al alejarse con más ímpetu del pueblecito totalmente derrumbado, barrieron con todo lo que quedaba por el camino, con todos los enseres de los habitantes y no pocos cadáveres”. (7)

Domeyko concluye estas notas comentando sobre la reconstrucción de Talcahuano después el maremoto de 1835, señalando: 

“Siete años más tarde se reconstruyeron en el mismo lugar las casas, la iglesia, los comercios, las aduanas y los almacenes, como si no hubiese habido un terremoto y como si la gente ya estuviera segura de que una calamidad similar jamás volvería a producirse.” (8)

Finalmente sobre Délano, agrega:

“…hombre al parecer precavido, reconstruyó sobre los mismos fundamentos en que estaba la casa de la que sus padres escaparon milagrosamente con vida, un espléndido palacio, y trabajando tranquilamente en él, aun cuando desde las ventanas de su despacho se veía Penco tres veces destruido. Pero pensaba vender el palacio.” (9)






Paul H. Delano Ferguson  (1806-1881)
Destacado empresario y socio de industrias molineras, textiles , carboníferas, navieras y comerciales en Penco , Tomé, Coronel y Talcahuano.Testimonió a Domeyko sus vivencias sobre el sismo de 1835 en Talcahuano. 



BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES: 

(1) http://www.sismologia.cl

(2) http://es.wikipedia.org

(3) José Javier Guzmán, El Chileno Instruido en la Historia Topográfica, Civil y Política de su País, Tomo 2º, Santiago de Chile, Imprenta Araucana, año 1836. pág. 135, 136, 137.

(4) José Javier Guzmán, El Chileno Instruido en la Historia Topográfica, Civil y Política de su País, Tomo 2º, Santiago de Chile, Imprenta Araucana, año 1836. pág. 753.

(5) Ignacio Domeyko. La Araucanía y sus habitantes, Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, Santiago de Chile, 2010. 

(6) Ignacio Domeyko. La Araucanía y sus habitantes, Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, Santiago de Chile, 2010. pág. 107 a 115.

(7) Ignacio Domeyko. La Araucanía y sus habitantes, Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, Santiago de Chile, 2010. pág. 107 a 115.

(8) Ignacio Domeyko. La Araucanía y sus habitantes, Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, Santiago de Chile, 2010. pág. 107 a 115.

(9) Ignacio Domeyko. La Araucanía y sus habitantes, Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, Santiago de Chile, 2010. pág. 107 a 115


Observación: se autoriza utilizar el material redactado e imágenes citando al autor y las fuentes.