martes, 17 de marzo de 2015

LA VISITA DEL VIAJERO ALEMÁN PAUL TREUTLER A TALCAHUANO EN 1859.


Por Rolando Herrera Poblete, Profesor de Estado en Historia y Geografía, (UFRO), investigador de la Historia Local y Patrimonio de Talcahuano.

Talcahuano por su calidad de puerto marítimo habilitado en el sur de Chile , unido  a sus   privilegiadas características  geográficas , fue en el pasado puerta de entrada a las antiguas provincias de Concepción y La Frontera (Araucanía). Por lo cual ha sido visitado por innumerables viajeros, naturalistas y científicos ; algunos de los cuales en sus  estadías,  tuvieron el mérito y ocurrencia de dejar testimonio escrito de sus impresiones y observaciones, que nos permiten hoy  reconstruir su pasado y constatar cómo era nuestra localidad  en esas  épocas en distintos aspectos.

Una de estas visitas fue realizada por un personaje de origen alemán, llamado Paul Treutler, un aventurero, ambicioso, romántico y andariego con conocimientos sobre minería, que recaló en nuestro puerto en el otoño  de 1859, en viaje por vía marítima hacia las provincias de Valdivia y La Araucanía, en busca de minas , tesoros , fortuna y aventuras.

Treutler tras su breve paso por nuestra ciudad,  nos  legó una sucinta, pero detallada descripción del Talcahuano de mediados del siglo XIX, fruto de su aguda y amena capacidad de observación, que nos permite recrear  la época de  auge y vital relevancia  como  puerto ballenero.



Paul Treutler, (1822-1888) aventurero y viajero alemán que recaló en nuestro puerto en marzo de 1859, y que describió y resaltó su importancia como puerto ballenero del Pacifico sur. (Fuente: www.memoriachilena.cl)



ANTECEDENTES BIOGRÁFICOS DE PAUL TREUTLER (1822-1888)

Según antecedentes recogidos  de su  autobiografía Paul Treutler era originario de Silesia, Prusia donde había nacido en 1822. Desde joven se dedicó al estudio de las ciencias naturales, principalmente de la minería, trabajando más tarde en minas que poseía su padre.(1)

Después  de concluido sus estudios en un instituto, entró en la carrera práctica al  servicio del rey, trabajando durante dos años en diferentes minerales.

En 1840 estudió en la Universidad de Berlín, cursos de mineralogía, química y geología.Después comenzó una serie de viajes científicos durante cuatro  años recorriendo Francia, Inglaterra, Bélgica, Austria y Alemania.

En 1846 tomó la dirección de una hacienda y de varías minas  y fundiciones de su padre durante seis años.

En 1851,  visitó exposición universal de Londres, donde tuvo la  ocasión do admirar las muestras de minerales enviadas de América, y entre éstas las de Copiapó, Chile.(2)

Entusiasmado con la riqueza prodigiosa de esos  minerales, determinó emprender un viaje a la América del Sur y Chile, pensando en recorrer además  Bolivia, Perú, Centro-América, Méjico, california y Australia, y volver más tarde a su patria.

En enero de 1852 arribó a Valparaíso, proveniente de Hamburgo, donde permaneció varías semanas, al cabo de las cuales se dirigió a Copiapó. Aquí residió siete años dedicado con éxito  a especulaciones mineras. En 1859, Después de algunos reveses económicos decide volver a su patria en busca de nuevos capitales y maquinarias.

Estando en Valparaíso cambió de decisión y  aconsejado por algunas personas optó por realizar una excursión a las provincias de Valdivia y Araucanía, en la cual, según las tradiciones y los informes de historiadores se encontraban ricos minerales, que, habían sido explotados  por los españoles en la conquista, y que yacían completamente ignorados. Además, que la minería era una rama de la industria casi desconocido en aquellos pueblos no explorados hasta ese momento por ningún individuo de suficientes conocimientos teóricos y  prácticos. Entusiasmado por esas expectativas resolvió dedicar un año al reconocimiento de esos territorios sureños.

En de marzo de 1859, se embarcó en un vapor con rumbo al sur y después de tres días de  navegación, llegó a la  bahía del Corral, desde donde tomó en un bote hasta la ciudad de Valdivia, que fue el centro de sus  excursiones hacia La Araucanía.(3)






Portada del libro escrito  por Paul Treutler en 1861 en Chile , titulado: "La Provincia de Valdivia y los Araucanos" . donde relata sus exploraciones por los territorios mapuches de La Araucanía. 


Según Carlos Keller, Paul Treutler estuvo en Chile desde 1851 a 1863, recorrió gran parte del país y escribió un libro sobre sus exploraciones en el territorio. Agrega que no fue un científico, sino más bien un aventurero, andariego y escritor que contaba sus andanzas con gran verosimilitud y entretención. Destacándolo como uno de los más valiosos y amenos testigos de una época y de la realidad de la vida cotidiana chilena.(4)

Keller cita las motivaciones personales que expone claramente el propio Treutler para viajar a Chile, destacando su fuerte espíritu de aventura, pero especialmente su ambición por las riquezas minerales inexplotadas del territorio.

“…Lo que condujo allá fue mi insaciable sed de conocimientos y mi inclinación a viajes y aventuras, estimuladas sobre todo por la admiración que me infundieron los riquísimas minerales de oro plata y cobre que tuve la posibilidad de admirar con motivo de la exposición internacional celebrada en Londres en 1851…”

“Que pobres me parecían en comparación con aquellos, los minerales de mi patria y todos los demás que había tratado prácticamente hasta entonces, y con qué expectativas me atraía la costa occidental de la América del Sur. ! Pues no hay ningún país del mundo comparable a la República de Chile, que contenga en su seno, en una superficie relativamente pequeña, iguales cantidades de minerales de oro, plata, cobre y carbón, de las que sólo se han explotado y beneficiado pequeñísimas porciones hasta ahora.”

“La mayor parte de esta colosal riqueza se encuentra todavía intocadas en las quebradas poco conocidas, inexploradas e inaccesibles de la Cordillera de la Costa, de la de los Andes y en el desierto de Atacama, como también en el territorio de los indígenas araucanos independientes.” (5) 



Ilustración de los araucanos   del libro de Paúl Treutler : "Fünfzehn Jahre in Süd-Amerika an den Ufern des Stillen Oceans" ,editado en Alemania en 1882.


Los años en que este alemán vivió en Chile corresponden a los del gobierno de Manuel Montt, uno de los periodos, más creadores y progresistas de la vida chilena, desde el punto de vista político y administrativo.

Este alemán aventurero tuvo también la suerte de moverse en dos escenarios novelescos. Recién llegado a Chile, se estableció en el distrito minero de Tres Puntas, (Copiapó) cuando la fiebre de la plata estaba en su grado más alto. Años después se trasladará a Valdivia, de la que hizo su base para expedicionar al territorio de los araucanos no sometidos.

Según Keller era hombre curioso e infatigable. En cuanto le hablaban de un hipotético yacimiento minero o de un tesoro enterrado por los españoles del siglo XVI o de la época de la Independencia, montaba a caballo o en mula y partía con la imaginación encandilado, sin cuidarse de las asechanzas de los hombres, de los peligros del camino o de las rudezas del clima.

En el trayecto observaba, deleitándose con el espectáculo de la naturaleza, anotando las costumbres bárbaras o curiosas, haciendo el inventario de las riquezas de la comarca. Gracias a esto bajo su pluma aparece un Chile casi absolutamente inédito.(6)

Keller, señala que en 1861, cundo llevaba 10 años en Chile decide publicar en Santiago un libro llamado “la Provincia de Valdivia y los Araucanos”, redactado en castellano. (7)

Estando de regreso en Alemania en 1882, escribió otro libro en idioma alemán en tres tomos , denominado: "Quince años en la América del Sur en las costas del Pacífico: lo visto y experimentado”, (Fünfzehn Jahre in Süd-Amerika an den Ufern des Stillen Oceans. Gesehenes und Erlebtes” von Paul Treutler, Leipzig: Weltpost-verlag, 1882). Donde resume sus viajes, observaciones y descripciones por Chile y los países de Sudamérica que visitó en su aventurera y andariega vida. 




 Portada del libro escrito por Paul Treutler en 1882 en Alemania , titulado:   "Fünfzehn Jahre in Süd-Amerika an den Ufern des Stillen Oceans. Gesehenes und Erlebtes”, donde relata sus exploraciones durante 15 años por los territorios de Chile y Sudamérica.


Carlos Keller tradujo este libro que contiene los relatos de Treutler en sus recorridos por Chile, denominándolo: “Andanzas de un Alemán en Chile”, (1958)

En este texto se describe primero las exploraciones por Atacama, donde recorrió los distritos mineros de Atacama, Huasco, Caldera, Copiapó, yacimientos de plata de Tres Puntas, Chañarcillo, Cachiyuyo, Coquimbo y La Serena. (Equivalente al Tomo I del original de Treutler)


Además sus excursiones por las Zonas de colonización alemana de Corral, Valdivia, Llanquihue, Quinchilca, La Unión, Río Bueno, Osorno y Puerto Montt. Incluidas sus  cuatro exploraciones por la Araucanía y región de Los Lagos: que abarcaron las localidades de San José, Mehuin y Queule, Toltén, Villarrica, Pitrufquén, Pelehue y Voipire. (Equivalente al Tomo II del original de Treutler) .

En la Segunda parte del libro de sus andanzas por la  Araucanía y región de Los Lagos, y en el  Capítulo III,  denominado: “1859, De Valparaíso a Corral y Valdivia”; Treutler relata sus recorridos por  la provincia de Concepción, dónde visitó brevemente, la bahía de Talcahuano, recalando primero en  Tomé, luego en Penco, Talcahuano, Coronel y Lota. Pasando por  las islas Santa María y Mocha.

Finalmente, incluye las  exploraciones  por el centro de Chile: Valparaíso, Santiago, isla de Juan Fernández, Los Andes, San Felipe Quillota, San Bernardo,  Peldehue, Cauquenes, Constitución  San Fernando, Talca. (Equivalente al Tomo III del original de Treutler, pero que no  contempla los visitas al Perú, Ecuador, y Nueva Granada) (8)



DESCRIPCIÓN DE TALCAHUANO POR PAUL TREUTLER (1859).

Como habíamos señalado anteriormente , en el otoño de 1859, el alemán Paul Treutler en viaje marítimo hacia Valdivia, arribó a la bahía de Talcahuano, en el vapor Príncipe de Gales, procedente de Valparaíso, desde donde había zarpado el 10 de marzo; su objetivo era llegar a las provincias australes de Chile, desembarcar en Corral e iniciar una expedición al peligroso territorio de los araucanos, junto con conocer la colonia alemana valdiviana que habían creado sus compatriotas, como una segunda patria. 

Este viajero alemán desembarcó en Talcahuano, en ese momento el puerto de Concepción, situado  en un faldeo a los 36º 42’ de Lat. S. y 73º10’ de Long. O, ; y que contaba con 5.000 habitantes. Recorrió el poblado por unas horas, observó sus principales características, naturales, comerciales y urbanas, elaborando un relato breve pero interesante que da cuenta de cómo era nuestro puerto en esa época. En lo económico resalta la relevancia de nuestra ciudad como principal puerto ballenero del Pacífico sur.

El vapor con Treutler a bordo, al llegar a la costa septentrional de  la “magnífica bahía de Talcahuano “, ancló primero en Tomé para desembarcar y embarcar pasajeros, correspondencia y carga. De este pueblo destaca que era el principal puerto exportador de trigo y vino de Chile. Se detiene a describir en su texto detalladamente las carretas rústicas tiradas por bueyes, utilizadas para transportar esos productos, agregando que el trigo los trasportaban en cueros de vacunos y el vino en odres de cuero. Para beber el vino se utilizaban cuernos de vacunos. (9)





Ilustración de las carretas rústicas utilizadas para el transporte de trigo y vino observadas por Treutler en Tomé, del libro Fünfzehn Jahre in Süd-Amerika an den Ufern des Stillen Oceans, editado en Alemania en 1882.

Luego el barco pasa frente a Penco, donde el viajero alemán observa grupos de árboles frutales , jardines, y las ruinas del antiguo Concepción. Recordando sus distintas destrucciones por indígenas y terremotos, hasta su traslado a orillas del río Biobío en 1764. (10)

Finalmente, el vapor atraca en el puerto de Talcahuano, donde el viajero alemán resalta primero sus fortificaciones españolas, probablemente las de San Agustín y Gálvez que aún se mantenían.

“…Justamente frente a nosotros se encontraba la próxima meta de nuestro viaje, la ciudad de Talcahuano, situada románticamente en un faldeo, con antiguas fortificaciones españolas, al sur de la bahía a la cual dio su nombre.” (11) 

Luego tiene palabras para resaltar las características naturales de la isla Quiriquina impresionándole   sus serranías, selvas vírgenes,  arroyos y cascadas. También observa la variada  fauna de la isla, mencionando  sus cabras, lobos marinos, choroyes y gaviotas.


“A mano derecha, hacia el oeste, surgía del mar la isla Quiriquina, resguardando el puerto propiamente tal y de cuyas serranías, cubiertas por selvas vírgenes, caen cristalinos arroyos, formando cascadas sobre las rocas. En las laderas saltaban grupos de cabros cimarrones, los lobos marinos se asoleaban en gran número sobre las rocas, bandadas de choroyes giraban con gran bullicio alrededor de las plantaciones de manzanos e incalculables cantidades de gaviotas y otras aves marinas, graznando fuertemente, volaban en torno al barco.” (12) 

Ya aproximándose a la costa,  a Treutler le llama la atención el gran movimiento y número de embarcaciones de pescadores, resaltando además la presencia de cetáceos en el puerto.

“Este escenario adquiría mayor movimiento aún con las blancas embarcaciones de los pescadores, que, en gran número, cruzaban el puerto y cuyas albas velas, iluminadas por el sol, se destacaban brillantemente del horizonte, y por una pareja de ballenas que se había aventurado hasta el puerto, donde lanzaban al aire grandes chorros de agua.” (13)

Según este viajero alemán  Talcahuano en esta época era un centro primordial en el Pacífico sur, de reabastecimiento, comercio, descanso y juerga de los cazadores estadounidenses  de grandes ballenas, para la producción de aceite (combustible muy necesario para el alumbrado urbano y residencial de la época); bullente actividad económica que se remontaba a 183o, apreciándose  especialmente en la calle principal, paralela a la playa, probablemente la actual avenida Blanco Encalada.


“Talcahuano contaba unos 5.000 habitantes, era la principal estación de los cazadores norteamericanos de ballenas en la costa occidental de la América del Sur, y había por este motivo, a lo largo de la calle principal, que corre paralela a la playa, numerosos negocios norteamericanos de proveedores de buques, albergues de marineros, incontables bodegas de vino y cantinas y casas dedicadas a la prostitución. Antiguamente, Gran Bretaña enviaba también sus buques balleneros, y en 1830 había 91 surcando los mares vecinos, pero ahora eran principalmente de nacionalidad norteamericana. Cazaban a menudo animales de 20 metros de largo, que suministraban, además de otros productos, hasta 5 o 6.000 galones de aceite.” (14)  



Litografía coloreada que representa la caza de ballenas por marinos de Nueva Inglaterra (EEUU), durante el siglo XIX.


En su breve paseo por el centro de Talcahuano Treutler se da tiempo para alimentarse, y visita un restoram, donde se sirve ostras, o quizás  los típicos choros zapatos, muy abundantes en esa época.

Asimismo, recorre el poblado, llegando a la plaza e ingresando a la  iglesia donde es testigo de la amenización del culto con melodías alemanes, situación  que le produce hilaridad.


“Visitamos primero un restaurant, donde no sirvieron  excelentes ostras, y luego salimos recorrer la población. Llegamos a la   plaza principal, donde se encontraba una vetusta iglesia muy curiosa, pasamos a oír misa. ¡Pero quién hubiera podido describir nuestra extrañara cuando escuchamos, mientras todos estaban arrodillados y oraban, que un organillo callejero tocaba una polka y otras de nuestras canciones profanas más conocidas, para aumentar el recogimiento! Con mis compañeros de viaje apenas pudimos contener la risa, procuramos salir a la brevedad posible, a fin de no molestar. Me propuse que si tenía suerte en mi expedición, regalaría a esa pequeña iglesia un organillo que tocara al menos hermosos corales.” (15) 


Antes de abandonar Talcahuano observó los mantos de carbón de la playa, que los asocia a elevaciones de la costa post terremoto de 1835, testigos del auge carbonífero de Talcahuano de la década de 1840, actividad pionero y antecesora a las de Coronel y Lota.

“Cerca de la playa afloraba un potente manto de carbón, que se prolongaba debajo de varias casas. Según Fitz-Roy, la costa se ha elevado en esta parte cerca de tres pies desde 1835.” (16)  

A las dos de la tarde Paul Treutler abandona Talcahuano, pasando frente al promontorio y desembocadura del río Biobío; navegando en dirección a Coronel y Lota, avistando en la bahía de Arauco, las islas Santa María y Mocha. (17).



Bibliografía y Fuentes:

(1) Pablo Treutler, La Provincia de Valdivia y los Araucanos. Tomo I, Santiago de Chile. Imprenta Chilena, 1861, pág. VII a X.

(2) Pablo Treutler, La Provincia de Valdivia y los Araucanos. pág. VII a X.

(3) Pablo Treutler, La Provincia de Valdivia y los Araucanos. pág. VII a X.

(4) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863. Traducción de Carlos Keller R. Editorial del Pacifico, S. A. Santiago de Chile, 1958.. Capitulo III, 1859, De Valparaíso a Corral y Valdivia, pág. 270 a 280.En www.memoriachilena.cl

(5) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863. Traducción de Carlos Keller R. Editorial del Pacifico, S. A. Santiago de Chile, 1958, pág. 17.

(6) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 14.

(7) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 12.

(8) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 18.

(9) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 271.

(10) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 272.

(11) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 275.

(12) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 275.

(13) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 ,pág. 275.

(14) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 276.

(15) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 276.

(16) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 , pág. 276.

(17) Treutler Paul, Andanzas de un Alemán en Chile ,1851 – 1863 ,pág. 276, 277.


Observación : Se autoriza la reproducción del material redactado e imágenes citando al autor y fuentes. 




martes, 10 de marzo de 2015

EFECTOS DEL TERREMOTO Y MAREMOTO DE 1835 EN TALCAHUANO, PARTE III.

Por Rolando Herrera Poblete, Profesor de Estado en Historia y Geografía, (UFRO), investigador de la Historia Local y Patrimonio de Talcahuano.



DESCRIPCIÓN DEL CAPITÁN  ROBERT FITZ ROY.



El capitán Robert Fitz Roy también hace una extensa e interesante descripción en base a los testimonios que recogió de los testigos, sobre las características y efectos del terremoto y maremoto de 1835 que observó en situ en Talcahuano y Concepción, algunos de los cuales son inéditos y otros complementan y refuerzan con sus detalles, las realizadas por su subalterno Darwin. 



Capitán Robert  Fitz Roy (1805-1865) 
Comandante del buque expedicionario inglés Beagle, quien observó y describió los efectos del sismo de 1835 en Talcahuano. 

Según su versión, en Concepción a los 11,40 minutos se sintió un sacudimiento ligero de la tierra, que aumentó rápidamente. Los movimientos fueron luego tan fuertes, que provocaron espanto y toda la gente salió a refugiarse en los parajes descampados. El violento temblor duró cerca de dos minutos. Agregando una vivida descripción de los inicios del sismo: 


“…apenas era posible tenerse en pie; los edificios se estremecían y bamboleaban; de repente una estupenda convulsión cubrió la tierra de ruinas. En menos de seis segundos, la ciudad era un montón de escombros. El ruido espantoso de las casas que venían al suelo; el horrible crujir de la tierra, que se abría y cerraba alternativamente en varias partes, los lastimeros alaridos de angustia y desesperación; el calor sofocante; las nubes de polvo que oscurecían el aire y embarazaban la respiración; el desamparo, la confusión, el terror de los infelices habitantes, presentaban una escena difícil de describirse, y que la imaginación misma apenas alcanzará a concebir.” (1)

Según el capitán Fitz Roy durante el terremoto, nadie podía tenerse en pie sin apoyarse en algo; tomándose unos de otros, abrazándose a los árboles y postes o arrojándose a tierra, tan violento era el vaivén, que se veían obligados a tender los brazos para no rodar. 

Luego se detiene a comentar la reacción de los animales ante el fuerte temblor, señalando que durante la mañana los vecinos notaron grandes bandadas de aves marinas que pasaban sobre la ciudad, trasladándose de la costa a lo interior. Que los caballos y todos los animales dieron muestras de terror, se sostenían con las piernas abiertas y las cabezas inclinadas, temblando violentamente. Los pájaros volaban atemorizados en todas direcciones. Y que los perros se pusieron a salvo, saliendo de las casas antes de iniciarse el terremoto.

Según Fitz Roy, la opinión general de los testigos, sobre la dirección del movimiento era de sudoeste a nordeste, siendo además  ondulatorio,  vertical, horizontal y circular. Muchos de los temblores fueron precedidos de un rumor sordo subterráneo, como el de un trueno distante.

Las grietas que se abrieron en el suelo, no presentaban una dirección uniforme; la más común era de sudeste a noroeste, y eran de una pulgada hasta un pie de ancho.

Fitz Roy comenta las reacciones humanas que hubo después de cesado el terrible y violento sismo, y una vez que se disiparon las nubes de polvo que produjo el derrumbe  de los edificios. Agrega que la gente comenzó a respirar con más desahogo y a mirar  su alrededor,  y que pálidos, trémulos, cubiertos de polvo y sudor, corrían de un lugar a otro, llamando a gritos a sus hijos, parientes y conocidos. Según Fitz Roy algunos parecían enteramente privados de razón.

Sobre la prolongación de los sacudimientos, Fitz Roy  agrega que se repetían a cortos intervalos, renovando el miedo.  La tierra no estuvo quieta un momento durante aquel día y el siguiente,  aun hasta el tercero después de la gran convulsión. Después de la catástrofe, entre el 20 de febrero y el 4 de marzo, se contaron más de 300 temblores.

Las casas cayeron en todas partes y  los  adobes formaban montones confusos. La catedral de Concepción, cuyas paredes eran de cuatro pies de grueso, apoyadas en robustos estribos, y construida de excelentes ladrillos y mezcla, sufrió más que los otros edificios.

Ruinas de la catedral de Concepción , destruida por el terremoto de 1835, dibujada por el oficial  del Beagle John C. Wickham.


Finalmente el  capitán Robert Fitz Roy hace un comentario que da cuenta de la resiliencia de los penquistas ante el magno y destructivo  evento telúrico que sufrieron, señalando:

“La buena conducta y generosa hospitalidad de los vecinos de Concepción proporcionaron un grande alivio a esta calamidad. Todos se auxiliaban unos a otros; y apenas hubo ejemplo de hurto. Los vecinos acomodados empezaron inmediatamente a ocupar el pueblo en construir ranchos y habitaciones provisionales de madera, viviendo entretanto al aire a la sombra de los árboles. Los que primaron se proporcionaron dónde vivir, juntaban alrededor de sí a cuantos podían; y en pocos días llegó a tener el vecindario un abrigo temporal, en que procuraba sacar consuelo y diversión de sus mismas desgracias, riéndose de los extraordinarios arbitrios a que se veían reducidos para sobrellevarlas.” (2)

El capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, también describió lo sucedido en Talcahuano aportando con interesantes y nuevos detalles sobre este violento y desastroso evento sísmico 

Parte diciendo que en Talcahuano, la violencia del terremoto fue tan grande que solo tres casas, situadas sobre una base de roca, se escaparon de la ruina, a diferencia de las edificadas sobre el terreno blando y arenoso que se extiende entre la playa y los cerros. Pese a ello casi todos los habitantes se salvaron.

Describe con mayor detalle el maremoto, manifestado en tres enormes olas, que barrieron las costas de Talcahuano, indicando que los habitantes: 

“…apenas habían vuelto en sí de la sensación de terror causada por los destructivos vaivenes de la tierra, cuando les llenó otra vez de espanto la retirada del mar. La ruina de Penco se presentó a su memoria; temerosos de una avenida de las olas, corrieron en tropel a ponerse en salvo sobre las alturas vecinas.” (3)

Agrega que 30 minutos después del terremoto, cuando ya afortunadamente la mayor parte de la población se había refugiado en los cerros, el mar se retiró dejando varadas las embarcaciones que estaban ancladas en siete brazas de agua, quedando descubiertos las rocas submarinas y bancos de la bahía. 

Con gran dramatismo Fitz Roy describe la llegada de la primera marejada, señalando lo siguiente: 

“…se alcanzó a ver una ola enorme que se abría camino por la boca occidental que separa la isla de Quiriquina del continente. Esta ola inmensa pasó rápidamente por el lado occidental de la bahía de Concepción, barriendo cuantas cosas movibles encontró en aquella costa pendiente, hasta 30 pies de altura sobre el nivel de pleamar. Rompió por sobre los buques; los zarandeó, como si hubiesen sido pequeños botes; inundó la mayor parte del pueblo; i hecho esto, refluyó con tal Ímpetu, que casi todos los efectos trasportables que el terremoto no había sepultado bajo las ruinas, fueron arrastrados por las aguas.  (4)  

Al poco rato nuevamente vararon los buques, divisándose una segunda gran ola, que según Fitz Roy; 

“…se acercaba bramando con más furia que la primera. Sus estragos, sin embargo, no fueron tan grandes, porque había ya poco que destruir. El mar se retiró de nuevo, acarreando gran cantidad de efectos de madera, y los materiales menos pesados de las casas, y dejando otra vez varadas las embarcaciones.” (5)  

Finalmente, el  capitán británico se refiere al embate de la tercera ola, más grande y  violenta. Que llegó al cabo de algunos minutos de temerosa expectación, expresándolo así:

“…se dejó ver otra tercera ola entre Quiriquina y el continente, enorme, y al parecer de mayores dimensiones que las anteriores. Bramando al estrellarse con lo que encontraba al paso, se precipitó con una violencia irresistible sobre la playa, cubriéndolo y destruyéndolo todo. Refluyendo luego, como rechazada por el pie de los cerros, arrastró en su retroceso gran cantidad de efectos caseros, cercas, y todo género de muebles, que, sosegada la tumultuosa avenida, sobrenadaron, presentando la apariencia de un vasto naufragio.” (6)

Un comentario del capitán FItz Roy da cuenta que el maremoto también avanzó en  dos frentes, incluida   la bahía de San  Vicente, haciendo temer a los sobrevientas que la península de Tumbes se separaría   del continente como una isla.

“Las personas que estaban sobre alturas que dominaban a las dos bahías, observaron que el mar avanzaba hinchado sobre San Vicente al mismo tiempo que sobre Talcahuano. La explosión de San Vicente y la embestida del mar por ambos lados, les hicieron creer que la península de Tumbes iba a separarse del continente, i muchos corrieron por los cerros arriba hasta colocarse en lo más elevado.” (7)

Cierra esta descripción indicando que después de tanta convulsión  la naturaleza descansó,lo que fue aprovechado para que:

“Gran número de habitantes se encaminaron entonces a las ruinas, ansiosos de averiguar la magnitud de sus pérdidas y  de salvar su dinero y algunos artículos preciosos, que, perdonados por las olas, estaban expuestos a las depredaciones.” (8)

Relata Fitz Roy que en los días posteriores el desastroso sismo, casi todos los habitantes, excepto unos pocos que se refugiaron en los buques, pasaron la noche sobre los cerros al descubierto,  y no quisieron bajar de allí.  Al día siguiente, comenzaron  a hacerse chozas y ranchos sobre las alturas, temiendo otra arremetida  del mar.




El bergantín Beagle en los canales australes de la Patagonia. 


Fitz Roy como hombre de mar, también menciona  lo sucedido a los siete navíos que se encontraban anclados en la bahía, los cuales resistieron milagrosamente al maremoto, sin grandes daños pese a que algunos chocaron entre sí ,  y quedaron varados e inundados.

“Tres grandes balleneros, una barca, dos bergantines y una goleta, estaban anclados a poca distancia del pueblo en 4 hasta 7 brazas de agua, con una sola ancla y bastante cable. Con la brisa del sur… los buques quedaron a la parte de afuera de sus anclas, la popa hacia el mar; y en esta posición, vararon. El capitán del puerto, Delano, estaba a bordo de uno de los balleneros... La primera gran ola dio contra la popa del buque, se estrelló sobre él, y lo levantó sin hacerle más daño que barrer su cubierta; la cadena, que estaba floja, se deslizó sobre el fango, y contuvo la embarcación poco a poco, a medida que fue calmando el primer ímpetu de la ola. (pág. 212) Revolviendo luego el agua, la hizo girar al rededor, y la dejó varada casi en la misma posición que antes. La profundidad, que era de dos brazas cuando el buque varó, creció hasta diez en el mayor ascenso del agua; y las dos últimas olas produjeron en las embarcaciones el mismo efecto que la primera.”

“Hubo buques que chocaron violentamente uno contra otro, y que dieron vueltas alrededor, como en un remolino, sin experimentar mucho daño. Había en la playa un buque pequeño de unas 30 toneladas, que estaba para ser lanzado; el mar lo llevó más de 200 varas tierra adentro, y  lo dejó allí sin lesión. Una goletilla  estaba anclada delante del pueblo, soltó el cable y se hizo afuera, encontrando la ola sin romperla, y montando sobre ella como en una marejada ordinaria. La Colo cólo, que estaba a la vela a la entrada oriental de la bahía, hizo cara a las olas de la misma manera y con igual suceso.” (9)

El capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, describe  un  hecho anecdótico en medio del maremoto que implicó la sobrevivencia de un niño de origen inglés:

“Muchos botes se hicieron mar afuera antes de retirarse las aguas. Unos arrostraron las olas, y tuvieron la dicha de montar sobre ellas y salvarse; otros casi zozobraron en la lucha. El afortunado escape de un niño de 4 años merece contarse. Una criada se había refugiado con él en un bote; el bote se estrelló contra un ancla en la playa, y  se partió en dos. La criada se ahogó; pero el niño se agarró de uno de los pedazos del bote y salió con él a la bahía. El fragmento flotó acá y allá; y el niño se mantuvo firme hasta que fueron a buscarle, y le hallaron sentado en él, sujetándose con ambas manos, mojado y tiritando de frio, pero sin lesión alguna. El niño se llama Hodges; su padre es un inglés muy conocido en Talcahuano, y ha sido oficial de la marina británica.” (10) 

Asimismo, el capitán Fitz Roy  describe el comportamiento del nivel mar con posterioridad al maremoto, señalando:

“Por cuatro días consecutivos, se presentó el mar cubierto de despojos, no solo en la bahía de Concepción, sino hasta alguna distancia, arrojando a las playas de la isla de Quiriquina multitud de muebles destrozados i todo género de efectos de madera; de modo que durante algunas semanas so ocuparon varias partidas en recogerlos i llevarlos al pueblo. En los  tres días que siguieron al de la, catástrofe, los flujos y reflujos fueron frecuéntese irregulares. Durante algunas horas después del sacudimiento, el mar se mantuvo subiendo y  bajando hasta dos o tres veces por hora”.   (11) 

Fitz Roy comenta que la posición  de la isla Quiriquina, dividió la avalancha de las olas en dos  brazos, aminorando sus efectos en el lado oeste (boca chica).

“Al este de la Quiriquina, la avenida no fue tan grande ni tan impetuosa como al oeste, porque allí encontró más espacio en que gastar su fuerza, siendo aquella la parte más ancha y profunda de la bahía. La isla dividía las olas en dos brazos: uno de ellos corría por Tumbes o la playa occidental, hacia Talcahuano; y el otro, por la boca oriental hacia Lirquén y Tomé. “ (12)

Fitz Roy describe algunos fenómenos  ocurridos durante el maremoto  en plena mar, similares a trombas marinas  y emanaciones de  sulfuro en algunos sectores.


“Notáronse dos explosiones al tiempo de entrar las olas: una más allá de la Quiriquina, que fue observada por Mr. Henry Burdon y su familia, embarcados en una lancha cerca de Tomé, y se les presentó como una gran columna de humo, semejante a una torre; la otra en el medio de la bahía de San Vicente, parecida al chorro de una inmensa ballena, dejando, al desaparecer, un remolino que duró algunos minutos, y  cuyo centro era profundo, como si el mar se entrase en una cavidad de la tierra. Al tiempo de la ruina y hasta después de las avenidas, el agua de la bahía pareció estar como hirviendo, escapándose ampollas de aire o gas; el agua se puso de color oscuro y exhalaba un olor sulfúreo muy desagradable. “ (13)

Además describe  muchos fenómenos inusuales asociados al maremoto, como por ejemplo,  que el mar arrojó gran cantidad  de peces muertos; emanaciones de aguas negras y  fétidas. Como ocurrió  en el patio de Mr. Evans, en Talcahuano, donde se hinchó  y reventó el suelo, vertiendo una agua hedionda y sulfurosa; cañones de a 24 cedieron al impulso de las olas y fueron arrastrados a gran distancia y volcados;  el trasporte un niño  sobre un trozo de bote sin recibir daño; o vidrieras de ventanas que llegaron a  las playas de la Quiriquina, sin que el  mar les hubiese quebrado un vidrio.

Un dato interesante que menciona Fitz Roy es la altura que alcanzaron las olas, elevándose  entre los  6 a 9 metros en algunos sectores (30 pies).

“Tasando por la estrecha angostura que separa a la Quiriquina de Tumbes, las grandes olas habían barrido las playas hasta la altura de 30 pies (9 metros) verticales sobre el nivel de pleamar; pero es probable que solo alcanzaran a esta elevación por los costados de dicha angostura, donde el agua encontró más obstáculo, i se tendió más por la playa.”

“Los que observaron las avenidas, las creyeron tan altas como la parte superior del casco de una fragata más allá del fondeadero; lo que viene a ser unos 16 (5 mts) a 20 ( 6 mts)   pies sobre el nivel de la bahía. No se rompían sino aquellas partes de la ola que chocaban contra algún obstáculo, hasta cerca de media milla de la playa, donde se estrellaban bramando de un modo espantoso. “ (14) 

“Por la marca que dejó el agua en la pared de la casa del capitán Delano, se echó de ver que las avenidas montaron 25 pies (7 mts) sobre el nivel ordinario de pleamar. El agua penetró a los altos i dejó festones de plantas marinas en los techos i sobre la cima de las rotas paredes…” (15)

Fitz Roy hace mención especial de lo sucedido en la isla Rocuant o de Los Reyes, donde por ser  tierras planas  fueron más graves los daños, especialmente en los animales.

“Donde quiera que la invasión de las olas encontró tierra llana, fueron terribles los estragos, porque estos terrenos están por lo general muy habitados y cultivados. Las tierras bajas hacia el fondo de la bahía de Concepción, en especial la de la isla de los Reyes, fueron cubiertas por las aguas, e irreparablemente desmejoradas. Perdióse mucho ganado vacuno, muchos caballos y ovejas. “  (16) 

A través de relato de Fitz Roy  se aprecia que una de las consecuencias del fuerte sismo de 1835 fue la elevación de superficie terrestre en  Talcahuano, tal como lo gráfica la siguiente aseveración:

“Andando por la playa en pleamar, las capas de marisco muerto i las algas marchitas adherentes a los peñascos en que se habían criado, atestiguaban por todas partes la reciente elevación de la tierra.”  (17)  



Bibliografía y fuentes:

(1) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Dirección del Consejo de Instrucción Pública, Volumen XV, Miscelánea, Santiago de Chile, Imprenta Cervantes, Bandera, 73  ,1893. Pág. 207 a 216.

(2) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág.207.

(3) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 208.

(4) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.


(5) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.

(6) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.

(7) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 211.

(8) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 212.

(9) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 13

(10) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 213. 

(11) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 213.

(14) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 214.

(16) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 216.

(17) Agustín Zegers Saeza, Obras Completas de  don Andrés Bello. Pág. 216.


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